Una expedición que comienza con un gran sueño. Así nació nuestro viaje al Himalaya con el grupo Mujer Montaña. No era solo un trekking. Era un propósito. Era caminar juntas hasta el campamento base del Kanchenjunga para rendir homenaje a Wanda Rutkiewicz, pionera del himalayismo femenino, quien en 1992 desapareció cerca de su cumbre cuando intentaba escalar su noveno ochomil en su proyecto llamado Caravana de los Sueños.
Más de treinta años después, 21 mujeres decidimos recorrer esos mismos caminos, no para conquistar la montaña, sino para honrar su historia y reconocer el legado que dejó a las mujeres montañistas del mundo.
21 mujeres, 9 países, un mismo propósito
Llegamos a Nepal mujeres de Argentina, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador, México, Cuba, Nepal y Colombia. Tres colombianas hicimos parte de esta travesía: Stefi Gailer, Edith Buitrago y yo, María Victoria Riaño. Durante 16 días caminamos casi 200 kilómetros y acumulamos cerca de 9.000 metros de ascenso hasta alcanzar los campamentos base Norte (5.143 m) y Sur (4.730 m) del Kanchenjunga (8.586 m), la tercera montaña más alta del mundo.
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
El trekking del Kanchenjunga es uno de los más remotos de Nepal. Está ubicado en el extremo oriental del país, en la frontera con India y el Tíbet. Es una ruta exigente, con infraestructura básica, largas distancias entre poblados y cambios drásticos de clima. Pero precisamente esa condición de aislamiento lo convierte en una experiencia auténtica, donde el contacto con las comunidades locales es profundo y real.
Liderazgo de mujeres, aquí y allá
Este gran sueño se logró gracias al liderazgo de Griselda Moreno, fundadora de Mujer Montaña, quien organizó la expedición con cuidado y coherencia. En Nepal trabajamos con Magnificent Himalayan Treks, que designó como guía principal a Shanti Dhamala y como guía asistente a Divya Dulal.
En el Himalaya, el oficio de guía de alta montaña sigue siendo mayoritariamente masculino. Ver a Shanti liderar un grupo internacional de 21 mujeres fue profundamente inspirador. Firme, alegre, carismática, siempre atenta a cada detalle, conectó no solo con nosotras sino con los porteadores, con los dueños de las tea houses y con cada persona que encontrábamos en el camino.
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
Divya, joven y determinada, representaba una nueva generación de mujeres nepalíes que están abriendo espacios en la montaña. Ellas no solo nos guiaban físicamente; nos enseñaban su cultura, sus tradiciones y su manera de entender la montaña como un espacio sagrado.
El inicio: río Tamor y caminos de cardamomo
Después de volar de Katmandú a Bhadrapur y vivir dos días de intenso recorrido en jeep por carreteras rurales, ríos caudalosos y curvas infinitas, comenzamos a caminar en Tapethok (1.500 m). El sendero avanzaba entre cultivos de cardamomo, pequeños poblados y bosques húmedos. Almorzábamos y dormíamos en tea houses, casas rurales adaptadas para recibir caminantes.
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
El río Tamor nos acompañó durante varios días. Imponente, fuerte, siempre presente. En uno de los hospedajes encontré un libro de poemas dedicado al río y una frase se quedó grabada en mí:
"I promise, I will not give up. I will move forward like you. I will rise like these hills. I will flow like you. I will live — not just exist." (“Prometo que no me rendiré. Avanzaré como tú. Me elevaré como estas colinas. Fluiré como tú. Viviré — no solo existiré.”)
Mientras observaba su corriente entendí que esa expedición no era solo física. Era también interior.
Kambachen y el reino del leopardo de las nieves
Cada día en promedio caminábamos unas 8 horas y siempre almorzábamos más o menos a la mitad del camino. El 6 día del itinerario llegamos un lugar hermoso Kambachen (4.050m) donde ya se veía el inicio de la cadena de los Kanchenjunga y el imponente monte Jannu (7.710m) entre muchos otros que divisábamos, allí también nos encontramos con la reserva del leopardo de las nieves. Todas las mañanas despertábamos con el olor del incienso, un saludo sentido de Namaste, pan tibetano, café Nepalí y la proteína del día 2 huevos duros. Rutinas sencillas que se volvían sagradas.
El 8 día nos preparamos para llegar a dormir en el lugar más alto Lhonak (4780) para aproximarnos al campamento base norte. Cada día íbamos mejorando la comunicación e integración con los porteadores, solo uno Suren entendía inglés, los otros no, pero nos conectábamos con la música y el baile. La canción que más compartíamos era de Pa’Mayte de Carlos Vives, era la que tenía bajada en mi celular, y les encantaba, y ellos la música Nepali muy alegre y sus danzas. La conexión era genuina, alegre y espontánea.
El homenaje en el campamento base Norte
Desde Lhonak (4.780m) partimos hacia nuestro primer gran objetivo: el campamento base Norte del Kanchenjunga. Allí, un grupo de montañistas polacas había construido un monolito en honor a Wanda Rutkiewicz. Nosotras llevábamos una placa para instalar como símbolo de reconocimiento a su legado.
La emoción de llegar juntas fue indescriptible. Habíamos leído su historia durante las noches anteriores. Sabíamos lo que significaba estar allí.
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
Colocamos la placa —incluso llevamos un taladro para asegurarla— y leímos en las placas colocadas en su honor frases suyas como: “Everyone has their own Everest” (“Cada persona tiene su propio Everest.”). En la nuestra resaltamos: “With each mountain, a new life begins” (Con cada montaña, comienza una nueva vida).
Disfrutamos unas horas contemplando la cumbre del Kanchenjunga y celebrando cumplir con nuestro objetivo. No era solo una meta cumplida. Era un acto de memoria colectiva.
Rodear al gigante
Al atardecer regresamos a Lhonak para el siguiente día seguir nuestro descenso nuevamente hasta Ghunsa. Estábamos en frente de otro gran reto el paso de Selele (4.240m) y dar la vuelta por tres pasos de más de cuatro mil metros, para ir al campamento base sur.
Subíamos a cada paso y encontrábamos banderitas tibetanas ondeándose con el viento porque con ellas se van las oraciones por la paz al mundo, igual llegábamos a celebrar en cada paso bailando con los porteadores la canción tradicional Nepali “Resham firiri”.
Todo lo que sube baja, así que cerramos el día con una gran bajada muy empinada hasta llegar a Tseram (3.870m), allí encontramos una tea house recién construida muy bonita donde su dueño nos atendió muy bien, para prepararnos y volver a subir al siguiente hospedaje de altura Ramche (4.580m).
Desde ahí emprendimos la subida a nuestro ultimo objetivo de altura en el mirador Oktang (4.730m) en el campamento base sur del Kanchenjunga. Gran felicidad llegar todas y allí entre banderas y una campana que hicimos sonar con nuestros deseos, completamos la vuelta al Kanchenjunga. Habíamos visto sus dos caras. Habíamos sentido su energía.
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
Lluvia, barro y resistencia
Bajamos de nuevo a Ramche y el clima cambio drásticamente, nos contaron que los siguientes grupos no habían podido ascender por la nevada. En el lugar que estábamos cayo un fuerte aguacero que no nos permitió seguir, esperamos medio día, ajustamos itinerario y cuando bajo la lluvia continuamos nuestro descenso hasta Tortong (2.995m). Allí no acababan las subidas, así es el Himalaya suba y baje, caminamos con mucho cuidado ya que por las lluvias encontramos muchos deslizamientos, pero finalmente después de una larga jornada con un descenso lleno de barro, sanguijuelas y la oscuridad de la noche, logramos llegar a Yamphudin (2.080m), agotadas pero felices y con la buena noticia que los jeeps podían llegar allí a recogernos a las 6 am y emprender nuestro regreso a Katmandu. No sin antes reconocer y agradecer el gran trabajo de nuestros porteadores, su trabajo silencioso sostiene el trekking en el Himalaya.
Regresamos a Katmandu celebrando haber cumplido el sueño: todas sanas, todas transformadas, para despedirnos y emprender otros viajes o el regreso a casa.
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
Más que un Trekking:
Esta expedición no fue solo un desafío físico. Fue una experiencia cultural, ambiental y espiritual. Nosotras regresamos a casa transformadas. Pero también regresamos con la certeza de que el montañismo puede ser una herramienta de impacto positivo: cuando se camina con respeto, cuando se apoya a las comunidades locales, cuando se visibiliza el liderazgo femenino y cuando se honra la historia de quienes abrieron camino.
En el Himalaya entendimos que cada montaña es un espejo. Y que, como escribió Wanda, “Cada persona tiene su propio Everest.”.
Como dijo Edith Buitrago:
“Tener un propósito para conocer nuevas montañas es mágico. Ser parte del homenaje a Wanda Rutkiewicz junto a mujeres de tantos países fue una experiencia profundamente significativa.
La ruta hacia el campamento base del Kanchenjunga está llena de cambios en el paisaje, en los colores y también en los pensamientos. A medida que caminas, algo dentro de ti también se transforma.
Esta caminata hasta la tercera montaña más alta del mundo no fue una experiencia individual. Fue un encuentro con las comunidades nepalíes que nos recibieron con té caliente, con su hospitalidad y con sus historias.”
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
Y como expresó Stephanie Gailer:
“Nuestra expedición al Kanchenjunga fue una experiencia de aprendizaje cultural, ambiental, físico y espiritual.
Recorrer las transiciones ecosistémicas entre los 1000 y los 5000 metros de altura permite entender la importancia que tienen estos territorios para las comunidades locales y para el agua que alimenta grandes ríos de la región.
Caminar entre bosques, valles glaciares y montañas inmensas, acompañadas por los conocimientos ancestrales de los pueblos del Himalaya, fue simplemente inspirador. Me llevo esta parte del mundo en el corazón.” ![]()
Texto: María Victoria Riaño
Fotos: Griselda Moreno. Mujer Montaña
Mujer Montaña en el trekking del Kanchenjunga
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