Hace unos años, cuando las Montañas de Cocuy y Güicán eran libres y hacíamos de ellas nuestro segundo hogar (o el primero??), vagábamos entre picos, lagunas y morrenas para explorar caminos de ascenso a las cumbres nevadas de la maravillosa Sierra. Muchas veces la oscuridad se cernía sobre nosotros sin haber llegado a la comodidad de la carpa, así que pasábamos la noche al raso, en algún cómodo vivac de un millón de estrellas.
Amaneció y con los primeros rayos de luz vi el pequeño jardín de flores que antecedía nuestra pequeña repisa. Eran minúsculas florecillas amarillas en un ramillete que crecía en el interior de una grieta de la roca, todas erguidas recibiendo el sol aún cubiertas de delgado rocío congelado. Se trataban del Lítamo Real y pensé: Es increíble que en el ambiente tan agreste de la alta montaña, un ser tan frágil logre sobrevivir. Los montañistas debemos ser como esa flor; frágiles y sensibles a las benevolencias de la Montaña, pero a la vez, rudos y resistentes a las inclemencias y hostilidades que nos aguardan en ella. Luego, en otra oportunidad de aventuras verticales por esas mismas Montañas, volví a encontrarme a la pequeña florecilla. Esta vez me miraba intrigada cuando aparecí por debajo de un exigente techo en los últimos largos de escalada a la pared oriental del Ritacuba Norte. Y por última vez, logré verla en las altas morrenas del glaciar sur del Ritacuba Blanco cuando nos dirigíamos a escalar el olvidado Cerro Muela.
Pequeño racimo de flores de Lítamo encontradas en la laja del Pan de Azucar en la Sierra Nevada del Cocuy y Güicán, aproximadamente a 4500 metros de altitud
Hoy, esa florecilla conocida como Lítamo Real merece ser llamada “La Flor del Montañismo Colombiano”. Por su belleza, por su fragilidad y rudeza, por haber encontrado hábitat entre rocas y glaciares, por ser la flor que a mayor altitud ha sobrevivido, por ornar repisas de vivacs, por alegrar instantes de exigentes escaladas, por agradecer al sol y a la montaña cada nuevo amanecer, por ser promesa de longevidad y la vida eterna; porque también los montañistas viviremos en esas Montañas, Para Siempre.
Flor de Lítamo Real en el Ritacuba Norte
Draba ritacuvana Al-Shehbaz
Familia: Brassicaceae
El lítamo (Drava ritacuvana) es una hermosa planta de flores amarillas que crece únicamente en las pendientes agrietadas y rocosas de los Ritacuba en la Sierra Nevada del Cocuy y Güicán; puede crecer incluso entre morrenas y nieve permanente. Es una de las poco más de 200 especies de plantas con flores que crecen en Colombia a 4500 m de altitud, y no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Es una hierbita de unos 5 cm de altura, que se adaptó a las fuertes condiciones ambientales de la alta montaña, con estrategias como, presencia de pequeñas hojas pubescentes dispuestas en varias rosetas densas, coronadas por vistosos racimos de pequeñas flores amarillas, de cuatro pétalos.
A pesar de ser una planta exclusiva de un área tan aislada, el nombre común lítamo, con el que se la conoce, tiene una historia que se remonta hasta la antigua Grecia. Lítamo es una alteración del nombre díctamo, con el que se conocen en España varias plantas medicinales, y se deriva del vocablo griego que se usaba para nombrarlas hace más de 2000 años. En América, el vocablo díctamo y algunas de sus variantes (lítamo, bítamo) pasó a aplicarse a diversas especies medicinales, entre ellas algunas especies de Draba.
Laura V. Campos PhD.
Rodrigo Bernal PhD.
Botánicos, investigadores de la flora colombiana de alta montaña.
Flor de Lítamo Real en el Ritacuba Norte
Canción.
El Lítamo Real, del Grupo Profecía.
Es florcita que florece,
donde no se ven más flores,
Es muy bella entre las bellas,
la mejor de las mejores,
todos la van a buscar
pero nadie sabe a donde
y cuando ya está muy cerca
es seguro que se esconde.
Flor de Lítamo Real
sé que tienes la virtud
del elixir de la vida
y la eterna juventud.
Respeto su sortilegio
flor de Lítamo Real
solo se puede encontrar
en los riscos de las cumbres
del Nevado de Güicán.
No florece en el jardín
tampoco se ve en el parque
no se deja cultivar
si la cojen se deshace
ojo con este misterio
quiéranla de corazón
si la quieren cautivar
háganlo al rayar el sol.
Quien la quiera con fervor
no la pensará arrancar
esa flor tan especial
no se dejará imitar
de ritos que le atribuyen
algunos son un decir
pero lo que sí es muy cierto
es que se puede extinguir.
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Este articulo hace parte de la colección especial que recopila y celebra los más de 10 años de la Revista La Piola. Fue publicado originalmente el 26 de Junio de 2019 en la Revista La Piola edición impresa #34.
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